El modelo delivery en España muestra señales claras de agotamiento, con ventas cayendo un 7% mientras Europa crece un 4%. La escasez de repartidores, provocada por el paso a la contratación directa y salarios más bajos, complica aún más el panorama. Los restaurantes pequeños pierden hasta un 20% de sus ingresos, y los consumidores simplemente están cambiando sus hábitos. El mercado no está muerto, pero necesita reinventarse urgentemente, y hay mucho más por descubrir sobre cómo podría lograrlo.
El mercado de delivery en España está atravesando un momento turbulento, y no precisamente porque los repartidores estén pedaleando más despacio. Mientras Europa celebra un crecimiento del 4% en el sector, España va en dirección contraria, registrando una caída del 7% en el último año. Es el tipo de estadística que hace reflexionar a más de un ejecutivo frente a su pantalla.
Una de las razones principales detrás de este descenso tiene que ver con la escasez de repartidores disponibles. Las grandes plataformas como Glovo, Uber Eats y Just Eat se encuentran inmersas en una intensa delivery competition, disputándose a los pocos courier shortages que existen en el mercado.
La ironía es notable: plataformas que alguna vez tuvieron colas de aspirantes ahora luchan por cubrir sus rutas básicas. Esta falta de personal no solo ralentiza los tiempos de entrega, sino que afecta directamente la experiencia del cliente.
El origen de esta escasez tiene nombre propio: el modelo de contratación directa. La transición hacia la contratación formal de repartidores, aunque bien intencionada en términos laborales, ha generado turbulencias inesperadas. Muchos repartidores reportan salarios más bajos y menos flexibilidad horaria bajo los nuevos esquemas, lo que ha llevado a algunos a abandonar el sector por completo.
El resultado es un mercado con menos trabajadores disponibles y más presión sobre los que permanecen.
Los restaurantes han sentido el golpe de manera directa. Algunos establecimientos, especialmente los más pequeños, han visto caer sus ventas hasta un 20% debido a problemas de distribución. Para un restaurante familiar con márgenes ajustados, perder una quinta parte de sus ingresos no es un dato menor, es una crisis real. Sin repartidores suficientes para cubrir los pedidos, los clientes simplemente buscan otra opción, o deciden salir a comer en persona.
Y aquí aparece un dato interesante que podría cambiar la narrativa completa: la inversión total en el sector de consumo fuera del hogar alcanzó los 43.523 millones de euros. Este número sugiere que los consumidores españoles no están comiendo menos, sino que están eligiendo hacerlo de manera diferente. Además, la integración de todas las operaciones del servicio de comidas puede ayudar a optimizar el proceso de delivery, tal como lo hacen las cocinas oscuras al reducir costos y mejorar la eficiencia.
El atractivo de la experiencia presencial parece estar resurgiendo justo cuando el delivery muestra sus primeras grietas estructurales.
En definitiva, el modelo delivery en España no está desapareciendo, pero sí está obligado a reinventarse.
Las plataformas, los repartidores y los restaurantes tendrán que encontrar un equilibrio que funcione para todos, antes de que el carrito se quede sin ruedas.





